El Diario de Cuba de Manuel

1ª Parte

Mi amigo Manuel Carneiro se fue a Cuba. Lo pasó tan bien que escribió un diario de viaje encantador.
A mí me dieron ganas de imitarlo pero como ahora no puedo, entonces al menos publico su crónica.

Junto con la crónica va un poco de música.
PERO sólo podrás escucharla si usás uno de los navegadores de los pueblos libres: Chrome o Firefox. Si usás un navegador imperial como Explorer ó Safari, entonces no music!

Foto dia 1

DIA 1: Llegué a La Habana

y mi primer contacto humano fue con una señora de unos setenta años, negra como mi suerte. Oficina de aduana, presenté mis papeles y mi pasaporte. Tras el breve trámite y lejos de la frialdad de las aduanas, me dijo con una sonrisa:

-Gracias, señor. Bienvenido a Cuba.

Esa fue la primera vez que escuché música en Cuba. Los cubanos son divinos. Aman a los argentinos gracias al Che Guevara. Si el Che fuera checo amarían a República Checa.

 


No hemos parado de hablar con todos los que tuvimos al alcance. Y llegué a la conclusión de que la revolución fue ayer. Porque todos la tienen presente y conversan y discuten en la calle sobre qué se debe hacer para mejorarla. El cubano es culto y tiene la cabeza abierta. Y le gusta conversar. Y está muy politizado. La guía del ómnibus del traslado, una señora de unos cincuenta años y blanca como la leche, nos dio la primera charla en la media hora del trayecto del aeropuerto a La Habana vieja. Nos contó de los avatares de la isla y sus habitantes. Recién llegábamos a Cuba y ya estábamos sumando experiencias.

Foto dia 2

DIA 2: No podía creer

que estaba de noche en la cama leyendo el Granma, que me lo vendió en la calle un viejo absolutamente idéntico a Fidel Castro. Cuando le dije que era igual al líder me contestó:

-Es verdad. Me lo han dicho muchas veces.

El hombre era el sosías de Fidel pero con un metro sesenta de estatura, lo que valió que no le hiciera comentario alguno. Eso le habrá ahorrado muchas confusiones. Más allá de que Fidel no puede vender el diario en la calle, seguramente amaría hacerlo en una reencarnación. Por supuesto, le saqué una foto con un joven que salía de un conventillo y que se prestó a la conversación ocasional y mínima.

 


El glorioso Granma tenía una nota de un abogado de Fidel del asalto fallido al Moncada del 53 y que murió hace unos años. El hombre recuerda que aquella vez Fidel fue al juicio impecable con traje y corbata. Y que todos los guerrilleros estaban con su mejor vestimenta, como así sus novias, esposas y familiares. Fueron llegando las gentes del pueblo. Los que pudieron entrar entraron y los que no, se quedaron frente al tribunal. Ese fenómeno se repetía a lo largo de Cuba. Años de creciente ebullición contestataria frente al tirano Batista. El fiscal le hizo unas preguntas a Fidel hasta que llegó la que sigue:

-¿Alguien le ordenó estas acciones?
-Sí. José Martí.

Foto dia 3

DIA 3: En internet se encuentra

fácilmente el hotel Sevilla. Centro de La Habana vieja. Nuestra habitación, por obra del azar, tenía más de treinta metros cuadrados, con viejo mobiliario impecable, un escritorio, un sillón con apéndice para los pies y un toilette de tres espejos, con cajoneras y luz direccional para Mónica.
En esa habitación, una placa recuerda que se alojaba Ernesto Lecuona, capitoste de los Lecuona Cuban Boys.

Las mucamas, unas más simpáticas que otras, nos charlaban su vida y la última noche nos dejaron las colchas con forma de cisne y un corazón de papel en el que se leía: Mónica y Manuel. Gracias por su visita. Y la firma de ambas.

El hotel Sevilla tiene tres estrellas. Es estatal. Y en los cinco días en los que me alojé me fue imposible encontrar un defecto.

 


Desayunábamos en un gran salón con música en vivo: dos chicas y un chico tocaban Bach o Vivaldi en oboe, clarinete y fagot para endulzarnos el café con leche. Claro que, cuando avanza la jornada, en el bar central de planta baja, despuntan las tumbadoras y las guitarras con el son que suena por todas partes.

No hay manera de meterse en un bar o comedero y que no haya un cuarteto, quinteto o hasta sexteto que no te visite las orejas. En mi caso, no soy amigo de bares o restaurantes con música porque no solo uno quiere conversar sino que los que hacen jazz no lo hacen como Winton Marsalis.
Y pasaron varios días hasta que entramos en un bar y no habían músicos. Seguramente por obra de un intervalo. Y le pregunté a Mónica:

-¿Estamos en un cementerio?.

Foto dia 4

DIA 4: No hay manera de salir

a la calle en La Habana vieja sin ser abordado por alguien. Que te ofrecen algún restaurante o paladar o algún medio de transporte.

Florecen los taxistas y los músicos en Cuba. Todos son taxistas o músicos. Los taxis son modernos. O los de Estados Unidos de fines de los cincuenta. Estos se encuentran impecables, más o menos, o en terapia intensiva.

 


También hay los cocotaxis, una moto con dos plazas traseras envuelta en una suerte de coco amarillo. Y los taxis rusos de la era del romance con Unión Soviética. Cuadraditos y básicos. Y la bicicleta con toldo. He visto a alguno pedalear con la lengua afuera llevando a robustos turistas europeos en repecho.

Foto dia 5

DIA 5: Es el momento de salir

de noche en La Habana vieja y uno atraviesa las calles y se deja llevar por lo que sea.
Hay que entrar a tomar un café o un mojito para hacer tiempo para cenar. Mientras, observar el hormiguero de habaneros y turistas. Y uno se puede desviar y meterse en lugares adonde no se metería ni con orden de un juez.

En La Habana no hay inseguridad. Ni droga. Ni violencia. Pude ver en la televisión cubana una nota en el noticiero en la que se mostraba el caso de un chico del secundario al que le habían encontrado un cigarrillo de marihuana.

 


El asunto giraba en torno al llamado de las autoridades del colegio a los padres y el debate sobre qué hacer en ese caso. La nota duró cinco minutos largos.

Las calles del centro muestran el abanico humano de la diversidad. Los cubanos, que son divertidos y amables. Las cubanas, que son muy femeninas y sensuales. Y que caminan contorneándose. Y algún travesti. Y alguna prostituta que aguarda al prostituyente que se la lleva y la usa por algunas monedas.

Foto dia 6

DIA 6: En La Habana se puede cenar

en los paladares, que son restaurantes pequeños y privados que se autorizaron hace tres años con diez mesas y ahora pueden llegar a veinte. Creo que mayoritariamente son, o eso parece, precarios. O en restaurantes. Los hay de todas clases. Se come por diez CUC por persona. Diez dólares.
La gastronomía está unos veinte años atrasada. Servilletas de papel, el plato que no siempre llega caliente, la presentación pobre, flojos los postres. Pero eso no significa que uno coma mal. En absoluto. Porque todo tiene buena onda y la comida está hecha con el corazón. Y uno se retira con la panza llena de afecto y de buen pescado a la plancha.

 

 


Es difícil parar de comer langosta en Cuba. Por lo menos en mi caso. Ocurre que ese plato es delicia universal pero llega a pocos sectores del universo antojadizo. Lo que es un plato popular en otros segmentos puede ser comida de los dioses o viceversa.
La noche en la que llegué a la capital de la isla encontré un programa de TV dedicado a la
gastronomía en el que algún especialista y algún chef coincidían con el futuro de la comida cubana con mucho entusiasmo y mucha materia prima de respaldo.
Uno cena con tumbadoras y a veces con bailarines. Y el conjunto musical dispara:

Y aquí se queda la clara
la entrañable transparencia
de tu querida presencia
comandante Che Guevara

Las fotos de esta página están chupadas (perdón, sin permiso) de la página "Cuba en Fotos" del féisbu.

De la música, ni hablar.

Y sigue la crónica de viaje con seis dias más en donde supongo que siguen llenándose de mojitos a la salud de la Revolución ... y durmiendo en la misma cama que Hemingway.

Con tanta ambigüedad, ¿llegarán enteros al final? Si lo quiere saber: